miércoles, octubre 20, 2010

SOLO LA PUNTITA.

Andan enfrascados en el nacionalmadridismo, teniendo a Marca como el máximo exponente de todo, en una nueva campaña que amenaza con sobrepasar, si no lo hace ya, el nivel de bajeza de las prácticas antilegitimadoras de todo lo que son éxitos culés conocidas hasta ahora.

Marca, como aquel violador que sólo ataca con la punta de su miembro a su víctima y cree que ésto no es delito, lleva un tiempo deslizándose por el pantanoso terreno de la acusación de dopaje al Barça de forma más o menos encubierta, sin animarse a dar el paso definitivo, en un acto de cobardía indigno de una rata incluso.

Ya apuntó algún compañero del blog (David G) algo de las prácticas recientes que por el nacionalmadridismo se vienen dejando caer y ha sido hoy, en una viñeta supuestamente humorística de la gran M roja de manipulación, dónde he encontrado la motivación para postear.

El esperpento, repito que pretendidamente gracioso, pone a Guardiola y a un doctor del Barça en un contexto en el cuál lo de la forma de curar a los jugadores culés que ha transcendido recientemente (centrifugar la sangre más o menos) flota en el ambiente y se lleva a cabo mediante una pregunta del técnico sobre la posibilidad de que algún jugador suyo esté disponible para jugar ante el Copenaghe gracias al tratamiento de marras. La respuesta, a la cual llamarla malintencionada o barriobajera es hacerle un favor, viene dada por el doctor en una sátira en la cual le espeta al del Sant Pedor que no sabe si podrán jugar al fútbol pero que seguro que sí que correr el Tour de Francia. Todo esto, claro está, con el momento actual de doping.

Porque no hace mucho que ambigüos titulares deslizaban vergonzosas cuestiones sobre el Barça. Ambigüos titulares, decía, e incluso incompletas noticias dónde el premeditado sesgo y escaso rigor expositivo están al servicio de la pretendida intención de emponzoñar.

Parece, y lo digo teniendo presente el ánimo de meter ahora yo la puntita, que el nuevo ataque del nacionalmadridismo es acusar de forma más o menos encubierta al Barça de dopaje. O eso o al menos crear un decorado de cartón-piedra dónde todo esté bien clarito y el personal, crítico él (y nótese la ironía) tengo todo bien mascado.

Éste es el nuevo engendro del nacionalmadridismo a la espera de que pronto emerja uno que ya, como otras veces, comienzan a deslizar tras la cobardía de las cartas al director: las hormonas del crecimiento de Messi. Esto último haría vomitar a la cabra del coronel Trautman, eso seguro, pero apuesto a que tan lamentables propagandistas serán capaces de tocarlo.