miércoles, septiembre 14, 2011

PUES TIENE RAZÓN MOURINHO.

Sostiene el estratega de Setúbal (lo de estratega para darle más empaque a quien perfeccionó las tácticas defensivas hace dos años en el Camp Nou con su Inter) que existe un reglamento para él y otro para el resto. Tiene razón, ya que no cabe la menor duda de que ésto es así. Además, ya puestos, haría extensivo lo de la disparidad de reglamentos para con el equipo que él representa.

Luis García ha sido sancionado con dos partidos por decirle al árbitro de su partido con el Real Madrid, el señor Clos Gómez, que su arbitraje había sido una "vergüenza". No legitimaré lo que hizo el entrenador azulón porque no estuvo bien y, además, merece castigo. ¿ Dos partidos ?. Si así lo dice el reglamento, perfecto.

No obstante, contrasta bastante el comprobar cómo al entrenador del Real Madrid, que se pegó toda la temporada rajando de los árbitros y, lo que es peor, deslizando desde la inmunda cobardía que suponen las acusaciones sin acusado (no da nombres) que existían unas directrices dentro del estamento arbitral (nunca reflejadas gráficamente ni recogidas en ningún medio pero de esas que aromatizan el ambiente) destinadas a favorecer al Barça.

Mourinho, para más inri, se permitió el lujo de criticar al árbitro de forma indirecta mediante la (nueva) cobardía encubierta que supone sacar una lista de errores contra un ficticio destinatario dentro del club.

Pero hay más. Al parecer es lo mismo romperle la nariz a un jugador (Mtiliga) durante un mes que lo que dijo Luis García. Al parecer, además, no es exactamente igual lo que dijo Cristiano Ronaldo al finalizar el partido de marras con lo que dijo el entrenador del Getafe.

Tiene razón Mourinho: existen distintos reglamentos.

Existe uno, el del miedo que provoca la lapidación pública que suponen las mafiosas tácticas del nacionalmadridismo, que se le aplica a todo el que ose ir contra el sacro equipo blanco. En ese reglamento hay de todo, como perdonar a un jugador rival del Barça que lesionó a un rival para toda la temporada (Kameni a Munitis). En ese reglamento, también, tiene cabida el perdón a Albiol en un momento cumbre de la liga pero no a Daniel Alves por su expulsión contra el Espanyol.

Razón. Cuánta razón.

lunes, septiembre 12, 2011

AVESTRUCES Y CÍNICOS DEL MUNDO... .

El Barça se dejó dos puntos en su visita a San Sebastián en un impresionante ejercicio de autocontemplación de la longitud genital. Empate a dos en un partido que si bien comenzó bien con un buen juego y dos goles de similar factura, en la segunda parte provocó que los santuarios (bares ) culés de la geografía del estado de la piel de toro se llenaran de "realistas". De realistas del Real Madrid, decía.

En Anoeta hubo varias jugadas complicadas de arbitrar. La más notoria, porque perjudicaba al Barça obviamente, fue la que provocó el segundo gol de la Real Sociedad. De una jugada realmente bien arbitrada se ha escrito mucho y, sobre todo, se ha pedido para con el Barça una mayor severidad a la hora de aplicar el reglamento. No es suficiente la tarjeta amarilla y el gol en contra según se ve para el nacionalmadridismo. Haría falta la expulsión de Busquets también según algún que otro diario. Cómo han cambiado las cosas.

Porque en Anoeta sucedió, con sus matices, algo parecido a lo que en la final de Champions de 2006 derivó en la explusión del portero del Arsenal. Con el agravante, para más inri, de que lo que cambió el Barça por un gol a favor no fue un penalti, sino la expulsión, por falta fuera del área (encima fue sobre la linea, lo que daría para enlazar con lo acaecido en el Bernabéu), del meta gunner. Aquello el nacionalmadridismo lo dió por bien arbitrado pues, en esencia, y puesto que lo que importa en fútbol son los goles, se le escamoteaba un tanto al Barça.

Y ya puestos, y dado que en el imaginario colectivo del nacionalmadridismo ya están sólo las jugadas interesantes contrarias al Barça, podríamos recordar el fuera de juego que evitó que Villa y Pedro anotaran lo que podría haber sido el 0-3.

Aún así, el mayor escarnio de la semana lo protagoniza José Vicente Hernáez. Para este ultra del nacionalmadridismo el Real Madrid fue perjudicado en su partido del sábado. Así, como lo leen (página 24). Y lo fue porque hubo una serie de jugadas, siempre bajo su particularísimo prisma, que debieron ser arbitradas de otra manera.

Del nuclear personaje anterior, o más concretamente de su periodismo de cloacas, poco se puede decir más allá de hacer ver las longitudes y dureza de su rostro. En el artículo perpetrado por el ínclito Hernáez, además, se tiene a bien mostrar que Clos Gómez, además, favoreció al Barça hace dos temporadas en Almería.

La intoxicación y las mentiras son ya la forma de vida del nacionalamdridismo. El olvido selectivo y los recuerdos a la carta constituyen el modus operandi de su goebbeliana forma de entender el periodismo. Y la sinrazón, el forofismo y la poca o nula ética profesional constituyen el decorado que, ciertamente, apesta a leguas.

Para quiénes no recuerden "lo" de Almería, diremos que aquel día, entre otras cosas, se expulsó a Guardiola por decir algo que no dijo. También, se expulsó de forma rigurosísima a Ibrahimovic por su encontronazo con un defensor almeriense. Y también, por otro lado, se dejó sin señalar como penalti una patada a la fantasía de otro zaguero local sobre el mismo jugador sueco. ¿ Qué recuerda Josevi de aquel día ?. Dos supuestos penaltis al Almería.

Como colofón, y ya que hablo de cinismo en el título, no quería dejar pasar la ocasión de comentar el artículo (página 10)que Roberto Gómez, de Trujillo él (manda huevos), y su tirón de orejas a Rubén Díaz por decir que en el Bernabéu siempre "les roban". Sin compartir ni legitimar en ningún momento las palabras del jugador azulón, tiene bemoles que ahora vengan personajes de un sectarismo tal como los que escriben en los medios nacionalmadridistas a enarbolar la bandera de la deportividad dialécita. Sí, ellos, los que hacen palmas con las orejas con Mourinho, tienen a bien criticar en los demás lo que el entrenador de Setúbal lleva haciendo ya año y pico en España (y toda su carrera, pero eso en otro tema).

Hipócritas que llaman a los demás.

Hay que joderse... .

jueves, septiembre 01, 2011

PUES APLIQUEMOS EL ARTÍCULO 33.

Estas épocas de partidos de selecciones tienen como virtudes, entre otras cosas, que apaciguan el cacareo mediático generado por la megaguerra deportiva generada en la Península Ibérica entre Barça y Real Madrid que bien podría ejemplificarse por momentos en el cuadro aquel de Goya en el que dos personas se liaban a garrotazos el uno contra el otro defendiendo, parece, sus distintas opiniones.

Una vez constatado que las aguas están más calmadas, la perspectiva del tiempo y, sobre todo, la ausencia de ruido mediático nos permite observar qué ha pasado en los recientes rifirrafes mantenidos entre azulgranas y culés que tuvieron su comienzo en el aquelarre de clásicos de finales de la temporada pasada y han tenido su epílogo (y seguido o aparte, qué más da) en los recientes enfrentamientos entre los dos transanlánticos del fútbol ibérico.

Llegados a este punto, resulta asombroso comprobar que ya circula por las Españas la idea más o menos asumida de que todo este ruido de sables tiene una culpabilidad compartida a parte iguales y que todos, culés y merengues, tienen que entonar el mea culpa. El final del trayecto ha sido, aparte de asqueroso, absolutamente desolador.

Comenzaremos con los hechos que los medios filomadridistas y el madridismo (ya sí que me atrevo a realizar una generalización light visto lo visto en el baile de pancartas del Santiago Bernabéu) defienden. Desde este lado se han empeñado en considerar como el súmmun de la provocación y la antideportividad los hechos que, supuestamente, son imputables al Barça o a sus jugadores o/y cuerpo técnico.

Al parecer, los culés provocaron a los jugadores blancos. Y digo al parecer. Al parecer, Messi imitó la célebre canción de los Pajaritos delante del banquillo (y dirigiéndose a él) del Real Madrid en la vuelta de la Supercopa de España. Al parecer, Tito Vilanova y Guardiola profirieron comentarios provocadores y despectivos contra el banquillo blanco. Al parecer, Piqué y alguno más hicieron comentarios hirientes para con el orgullo patrio en el túnel de vestuarios del Santiago Bernabéu. ¿ Las pruebas ?. Unas veces fueron imágenes de dudosa claridad de Punto Pelota (un clásico ésto ya en este programa casi filial de Real Madrid Televisión), otras veces la fuentes de Tomás Roncero (sí, el que canta Puta Barça, oé) y otras veces los informadores del casi nuclear José Vicente Hernáez. Y por increíble que parezca, lo que han vomitado estos medios o personajes ya está, más o menos, instaurado en el imaginario colectivo y asumido como dogma o verdad inmutable.

¿ Y por el lado culé ?. ¿ Qué pueden denunciar los culés ?. Pues existen declaraciones de Mourinho en la que se acusa a la Uefa y al Barça de conformar una organización pseudomafiosa con ramificaciones en alguna que otra ONG, existen pisotones gratuitos (Arbeloa a Villa y a Adriano en Valencia o Marcelo a Pedro en la ida de las semifinales de Champions), existen gesticulaciones que intentan aparentar el mal olor de Messi y, además, existen pruebas más que claras de agresiones del cuerpo técnico blanco para con el azulgrana. Existe, además, una inusitada violencia o desproporcionado empleo de la fuerza (quién haya jugado al fútbol entenderá que empleo un eufemismo) durante el juego como son expulsiones varias como las de Pepe, Ramos en la ida de la liga o la más reciente de Marcelo en Supercopa(ésta ya apoteósica). También existen paseos por terminales de aeropuertos en los que se realiza, de forma inequívoca, el gesto del "hurto" o del "robo".

Como ven, la argumentación blanca y del nacionalmadridismo se basa en denuncias de dudosa e interesada procedencia, concretamente de personajes de contrastadísima nula objetividad, y en percepciones subjetivas y nunca o casi nunca comprobadas de forma totalmente clara. También está, por supuesto, las denuncias de desvanecimiento de los jugadores culés durante los partidos. De esta última idea resulta interesante constatar que sólo se puede aseverar que simularon agresiones o faltas Pedro y Busquets en la ida de las semifinales de Champions. Dos casos. Sólo Di María, jugador blanco, supera este registro en el mismo partido antes mencionado cuando simuló hasta en tres ocasiones el haber recibido una falta por parte de Daniel Alves y que desembocó en una tarjeta amarilla para el brasileño.

Pero hagamos un ejercicio de credulidad y consideremos que todo lo que dicen los medio filomadridistas es cierto. Consideremos que estas denuncias tienen una base sólida, totalmente cierta y fácilmente comprobable. Hagamos este ejercicio por un momento y comparemos hechos.

Así, comparemos las denuncias de Mourinho en las que acusa de ser una mafia al conglomerdado Barça-Uefa (en esencia es eso, si eres árbitro sólo prosperas si haces lo que te dicen) y las palabras de Pep en la previa de la ida de la eliminatoria de Champions. Comparemos cómo Guardiola, de forma vehemente, lo único que hizo fue rehuir la lucha de las ruedas de prensa y emplazar a los equipos a dirimir sus diferencias en el terreno de juego pegando patadas a un balón. ¿ El pecado de Pep ?. Decir palabrotas. Caca, culo, pedo y pis. Qué piel más fina para depende qué cosas.

Comparemos acto seguido el argumento comodín (y surrealista) del nacionalmadridismo, a saber que los jugadores del Barça son unos teatreros, con el argumento de la parte contraria: la dureza del equipo blanco. Según se ve es lo mismo dar cera que simular que te dan cera (aunque ya te la hayan dado).

Y por último, comparemos si es lo mismo el supuesto intercambio dialéctico de forma más o menos agresiva con la pura y dura agresión (lo del dedo en el ojo de Vilanova) o la escalofriante entrada ajusticiadora de Marcelo a uno que pasaba por ahí (había salido al campo hacía escasos minutos) como era Cesc Fábregas.

Y ustedes dirán, ¿ cómo han llegado a igualar lo censurable de las actitudes de blancos y culés los medios nacionalmadridistas ?.

Pues como dice el título del post.

Por el artículo 33.