miércoles, noviembre 30, 2011

BONASERA, BONASERA... .

El fútbol español ha llegado a donde tenía que llegar. Es una pena pero es así. Pero también es comprensible.

Porque son muchos intereses mediáticos, económicos y sobre todo, éste sobre todo, de pura filiación deportiva. La España futbolera se pudre gracias a la labor de la prensa madridista, la mayoritaria de este país sin discusión, y a partir de ahora deberemos decir que nada de lo que ocurra sobre un terreno de juego será casualidad. O al menos será mucho más difícil achacarlo a la casualidad.

Reconozco que siempre he defendido la labor de los árbitros y su idea de hacer bien su trabajo. Reconozco que no han caído nunca o casi nunca en la actitud fácil de pitar al dictado de los medios de comunicación. Pero eso se ha acabado. A lo mejor creía ésto porque nunca había tenido pruebas más o menos claras a tener en cuenta.

Esta semana, desgraciadamente, las he tenido. Además con el agravante de que quien ha sucumbido a la presión mediática era uno de los árbitros con más personalidad: el señor Iturralde González.

Hace tiempo vengo hablando de medios de comunicación con prácticas pseudomafiosas. Pues bien, quitémosle ya, sin vacilar, el prefijo "pseudo". La cosa quedará como realmente es: el nacionalmadridismo es una organización mafiosa al servicio del Real Madrid.

Y es que la cosa ya estaba pasando de castaño oscuro. El Barça de Guardiola ya rivalizaba (cuando no superaba) en grandiosidad con otros equipos del pleistoceno futbolístico. La prensa extranjera, sin la tara de la filiación, habla del Barça, de este Barça, como lo mejor que han visto jamás. Y todo tiene un límite.

Desconozco si estamos adormecidos o es un simple empacho de títulos lo que nos ha llevado a la siesta del guerrero y a que todo nos parezca bien. ¿ Que tenemos que aguantar las acusaciones de favoritismo arbitral a pesar de que hay equipos que no triplican en penaltis a favor ?. Pues se aguanta. ¿ Que tenemos que aguantar acusaciones de que jugamos muchos tiempo contra diez a pesar de que otros equipos estén muchos más minutos en superioridad ?. Pues se aguanta. Sí, todos nos parece bien. Y que así sea.

Sólo así se explica que el culé ha interiorizado hasta límites insospechados la rutina de ver lanzar un penalti a su equipo de cada 15 (¿20?) que le hacen.

Ha tenido que surgir uno de los mejores equipos de la historia de cualquier deporte para que toda la presión pudiera ser superada. Sí, a pesar de los furibundos ataques del nacionalmadridismo el Barça de Pep se ha erigido en un conjunto legendario. Todo tiene mucho valor.

Iturralde González ha cometido el sacrilegio de ser el árbitro con el que el Real Madrid presenta peores números como local. Este dato no es que sea muy relevante pues no hace mucho ya demostramos en este blog que hay trencillas con los que el Barça presenta peores guarismos, pero sí que es un dato que vale, y mucho, para que los medios cuestionen tu honor, tu dignidad e incluso pongan en peligro tu integridad física. Iturralde es un apestado.

La renuncia del colegiado vasco a su más elemental derecho a la libertad de expresión no es más que le punta del iceberg de lo que sucede en este país si contravienes las normas que el nacionalmadridismo, todo en aras de la grandiosidad del Real Madrid, ha constituido como dogmas de fe. Contravenir estos preceptos equivalen, justamente, a joderte la vida.

Así, puesto que ya hemos demostrado que la presión surte efecto y aquí nadie se alarma (los medios han pasado muy de puntillas por este tema), la cosa parece ya totalmente instalada en la mente colectiva del futbolero. Ya lo adelantó uno de los paladines más nauseabundos del nacionalmadridismo en lo que quizá pudo interpretarse en aquel momento como una torpeza. Sí, ya Inda hablaba de parar al Messi (al Barça por extensión) por lo civil o lo criminal.

La consigna ya es no hacer rehenes. Quien se salga del guión, está sentenciado.

¿ Qué árbitro quiere joderse la vida ?. ¿ Qué árbitro tendrá cojones a tratar al Madrid con "tan poco respeto" ?.

Ahí está lo de Iturralde.

" Bonasera, bonasera..." .

lunes, noviembre 14, 2011

BARÇA - REAL MADRID EN LA PRENSA. UN VIAJE A LA IGUALDAD.

Analicemos, sin ser exhaustivos, cómo ha sido la relación entre el Barça y el Real Madrid visto desde una óptica meramente periodística. Analicémos cómo muchos de los estigmas que el periodista y muchos seguidores madridistas han venido defendiendo con vehemencia otorgándole el trato de verdad absoluta no es más que una falacia de tomo y lomo.

La prensa madridista, acostumbrada a estar en la cresta de la ola gracias a las victorias de su equipo de referencia, parece haber sido una prensa mucho más seria, objetiva y mesurada que la culé. Unos ganaban y ya se sabe, en la victoria todos somos la mar de objetivos. La culé, por contra, representó el mal perder, la excusa perpetua y derivó, según el sector madridista, en un totum revolutum de bajezas que no obedecía más que a la nula capacidad de encajar la derrota. De aquí nace la falacia más sangrante y asquerosa que existe respecto a la concepción del periodismo de unos y otros.

En efecto, decíamos, el Madrid normalmente ha estado por encima del Barça desde que la prensa hacía el seguimiento al deporte. Esta prensa, además de no alzar nunca la voz y de no entrar en cacareos, precisaremos que muy posiblemente haya pecado de exceso de "aseptismo" a la hora de tratar ciertos temas (fichaje de Di Stéfano, el famoso 11-1 en copa, la oscura época de José Plaza al frente del cotarro futbolístico). Sin embargo, analizando los temas con perspectiva, resulta que la prensa madridista, el nacionalmadridismo, no ha encajado demasiado bien los periodos victoriosos culés y, además, ha incurrido en todos esos delitos que sirvieron para otorgarle a la prensa culé la posición de inferioridad moral.

Un análisis no exhaustivo deja bien claro que la primera debacle blanca ante el Barça, allá por los 60, ya pareció, según el nacionalmadridismo, estar salpicada de conspiranoias varias y obedecieron, más que a la justicia en el juego, a otros oscuros intereses que tenían como objetivo que el Madrid no siguiera ganando Copas de Europa.

Tras aquello, pasaron 14 años sin que el ogro culé, el nacionalista Barça, ganara ningún título. Los azulgranas recuperaron el cetro de la liga patria en 1974, con la llegada de Cruyff al Barça. Aquello, a pesar de algún cacareo puntual por cómo llegó el holandés al Camp Nou, parece ser que se encajó de manera más o menos amable. Un 0-5 en Chamartín inapelable, además, ayudaba a ello.

Posteriormente el Barça, durante 11 temporadas, no ganó la liga hasta la temporada 84-85. Este título, ganado con suficiencia gracias a la parada de Urruti en un penalti en Valladolid, tampoco encendió los ánimos blancos en exceso. El Barça relevaba al binomio vasco de Athlétic y Real Sociedad. Acto seguido, otras 5 ligas de una tacada para los blancos. Cruyff acechaba ya en el horizonte.

Fue en la temporada 90-91 cuando el estigma culé comenzó a perderse. El Barça ganó aquella liga, ante la Quinta del Buitre, y comenzó un ciclo victorioso que le llevó a encadenar 4 ligas consecutivas. De la primera no se tienen referencias en el sentido de que el nacionalmadridismo abandonara su autoproclamado señorío. Era una liga, ya había pasado antes, y eran cosas que de vez en cuando tenían que pasar. Era un mal menor y, además, ayudaba a condimentar la rivalidad mal entendida por el nacionalmadridismo: el Barça, un poderoso rival, sólo era capaz de ganarle una liga de cada 15 a los blancos. Era una forma de ensalzar al Real Madrid en definitiva.

Sin embargo ocurrió algo con lo que no contaban y que sólo los más viejos del lugar habían conocido: el Barça ganó otra liga, la segunda, primera consecutiva, y aquello ya chocaba algo más. Y tanto que así fue. Por aquellos entonces ya comenzaron las conspiranoias y surgió el tema de supuesto intento de soborno a Luis Milla, exjugador culé él, antes de la primera liga que los blancos se dejaron en Tenerife. Además, ya comenzó a salir a colación uno de los clásicos: los árbitros. Cuentan las crónicas que hubo algún gol legal anulado al Real Madrid en la isla y que aquello fue definitivo. Un árbitro, supuestamente, había hecho a los blancos perder un título. No estaban acostrumbrados a ello. Además, la cosa se agrabó con la primera copa de Europa culé ganada en Wembley. ¿ Que por qué ganó el Barça aquel título ?. Fácil, porque Eusebio se tiró y el árbitro pitó una falta inexistente que dió lugar al gol culé.

La cosa empeoró al año siguiente pues el Barça volvió a hacerse con el título en un escenario que parecía un calco del año anterior. El Real Madrid perdía por 2-0 de nuevo en el Heliodoro Rodríguez López y la liga, que diría Carlos Martínez, volvía a "estar en Barcelona". De aquel desenlace se recuerdan también los lamentos por la labor arbitral en el partido decisivo de Tenerife. Tres ligas. Mucho para el cuerpo. El imaginario colectivo olvida cómo el Madrid le ganó al Barça en el Bernabéu, merced a un penalti inexistente sobre Michel del Chapi Ferrer que puso el 2-1 final en el marcador.

El Barça cumplió un ciclo ganando la cuarta liga consecutiva, de nuevo en la última jornada, con el famoso desenlace del fallo de Djukic en un penalti. Puesto que el Madrid no andaba metido por aquellos berenjenales el cacareo mediático anticulé se centró en una excusa pocas veces vista: el Barça jugaba sus partidos en sábado y el Deportivo los domingos, provocando que los coruñeses tuvieran una presión añadida por aguantar el liderato (ni rastro de la ventaja que pudieran tener por saber el resultado del Barça). Precisaremos también que el Barça andaba jugando la Copa de Europa entre semana, pero aquello se omitía interesadamente.

Tras el poker culé el Real Madrid recuperó el cetro y puso fin a ciclo blaugrana y el Barça no volvería a ganar la liga hasta la temporada 97-98, ya con Van Gaal en el banquillo. Precisaremos además que en la temporada 96-97, con liga para el Real Madrid (y triplete de copa, Supercopa de España y Recopa de Europa para el Barça), tuvo un duelo directo entre Real Madrid dónde Ronaldo, el brasileño, que jugaba en el Barça, fue parado de aquella forma que sugería Eduardo Inda para con Messi.

Pero decíamos que el Barça ganaría la liga de la temporada 97-98. Aquella liga se ganó con autoridad y el equipo culé comenzó ganando los primeros 7 partidos hasta empatar en Santiago ante el Compostela. Aquello les pilló un poco a contrapie. El Barça ganó la liga antes de la última jornada gracias a un gol de Giovanni ante el Zaragoza.

Al año siguiente el Barça volvió a ganar la liga. Aquella liga se ganó con autoridad y, a pesar de un comienzo malo del equipo que llegó incluso a tener a Van Gaal en la cuerda floja (le salvó Xavi en Valladolid), se encauzó el rumbo del equipo. El título se ganó esta vez en Vitoria y ante el Alavés, en un paseo de los culés que campeonaron a falta de 4 jornadas para el final. Aquel día el Barça aplastó al Alavés con un 1-4 inapelable. Tras esta liga vinieron tiempos peores y el cisma que provocó en el Barça la salida de Figo.

Tras 6 años sin llevarse nada a la boca los culés, el Barça de Rijkaard ponía fin a unos años en los que, con el Madrid como mayor dominador, había tenido a los blancos, al Valencia e incluso al Deportivo como dominadores del fútbol nacional. Sin embargo aquella liga, la ganada en el campo del Levante, sí que tuvo las manchas que hasta el día de hoy nos quiere hacer ver el nacionalmadridismo: comenzaba el Villarato. Abrió Relaño el día siguiente en su artículo con un esclarecedor título: "Alirón con reparos", casi nada. Lo que motivó al director de As a escribir aquello fue que en el partido decisivo en Valencia, Ronaldinho pudo ser expulsado y, siempre según el pensamiento oficial de su régimen, hubo un penalti a favor de los locales que no se señaló.

La temporada siguiente, cuya liga ganó el Barça de forma incontestable sin bajarse del autobús, no tuvo vocerío mediático para con la liga pero sí con la copa de Europa. Así, la España mediática tuvo a varios equipos como club de cabecera. El nacionalmadridismo fue del Chelsea del Benfica y del Milán. Y además clamó al cielo, ellos, tan objetivos que eran, por un gol anulado a Shevchenko en el Camp Nou que empataba la eliminatoria (no la ganaba, que también se ha escuchado que aquel gol echaba a los culés por parte de algún periodista puntopelotero). Omitieron, que es distinto de olvidar, que Nesta en la ida ganada por el Barça por 0-1 hizo un penalti sobre Iniesta de libro.

La siguiente liga ya fue madridista. Clavo ardiendo, presión a los árbitros a todo trapo, Reyes repartiendo estopa en el partido decisivo, Emerson acabando su partido ante el Barça a pesar del aquelarre al que sometió a Messi, Van Nistelrooy jugando en Zaragoza cuando no debería haber jugado (quinta tarjeta del ciclo perdonada en la jornada anterior por manos dentro del área del Deportivo que dieron lugar a gol de Ramos), Tamudazo y gol con la mano de Messi. ¿ Que qué se recuerda de aquella liga ?. Pues el gol con la mano de Messi, a Toñín el torero y a Tomás Roncero con su infalible cofradía.

El año siguiente el Madrid no tuvo rival. Ganó la liga con una ventaja indecente de puntos e incluso el Barça se vió obligado a realizarle un pasillo como tocaba. A 18 puntos de los blancos acabó el Barça. Como debería ser pensaron.

La explosión de todo este proceso de igualación llegó con el desembarco de Guardiola en el banquillo del Barça. Los culés, y esta historia ya es más conocida, han enlazado tres ligas, han ganado dos copas de Europa, y han campeonado en un puñado de títulos más hasta erigir este periodo como el mejor de la historia azulgrana sin duda alguna.

Y es aquí, en este momento, cuando el nacionalmadridismo ha equiparado y no sabemos si superado el mal perder de la prensa culé. Es aquí cuando han salido en la prensa nacionalmadridista las falacias del dopaje culé, de las consecuencias del dopaje culé en Abidal (repugnante ésto además), la cantinela arbitral elevada al infinito e incluso la predilección del "General Invierno" por el Barça.

El ataque actual es total. Por tierra, mar y aire. El ogro culé no puede ganar nada más, y es posible que así sea (aunque no se sabe), y cualquier artimaña, por rastrera que sea, es válida. Se ha llegado a un punto de sinrazón que incluso muchos sectores del madridismo y su prensa reniegan de la victoria de España en un Mundial porque la selección la integraban un buen puñado de culés y, además, el estilo empleado para campeonar era el del Barça.

A día de hoy vivimos tiempos en los que el revisionismo nos lleva incluso a detestar el Tiki-taka o fútbol de toque en aras del fútbol del Real Madrid y un puñado de portugueses.

Curiosa esta última reflexión que me viene a la mente: el Barça, club de indiscutible catalanidad y valores nacionalistas, ha provocado que gran parte del nacionalmadridismo y sus seguidores renieguen de su españolía, síntoma inequívoco de que a la hora de perder, por desgracia para los que han dado nueva forma al señorío del siglo XXI, todos somos iguales.