viernes, diciembre 28, 2012

AHORA, SOMOS XENÓFOBOS

Bueno, pues la siguiente del lobby portugués del Real Madrid ha sido decir, a boca llena, que en España somos xenófobos. Es la explicación más coherente que encuentran al sentimiento que generan por los campos de la liga española cada vez que hacen aparición por ellos.

Es lo nuevo con lo que tendremos que lidiar y, además, tragar pues un sector no despreciable del nacionalmadridismo ha acogido la excusa como suya y, con matices, más o menos la ha dado por buena. Reconozco que era lo que me quedaba por ver.

Uno creía que la prensa afín al régimen no iba a dejar pasar ciertas afrentas, pero parece no es así y se hace necesario otro paso más para ver hasta qué punto las tragaderas de esta fauna permiten la ingesta de excusas de mal pagador.

En la alocución de Pepe del otro día el central brasileño (no portugués) venía a decir que su caso era particularmente sangrante pues se le criminalizó por su abominable aquelarre contra Casquero y que todavía hoy sigue pagando las consecuencias de aquello. No le quitaré la razón en lo de que quizá esté pagando todavía por aquello, pero apuntaré, además, que si aún paga por aquello me parece que de momento se está haciendo justicia.

Sin embargo comete Pepe el error (o nos la intenta colar) de aislar aquel hecho como si su historial en los terrenos de juego en cuanto a conducta violenta, barriobajera y mezquina se redujera a la acción de marras. Lamentablemente la cosa no es así y, ciertamente, Pepe presenta muchas acciones posteriores a aquella que harían sonrojar a cualquiera con un mínimo más de decoro y menos de cinismo.

Aquello, realmente, fue el cenit de su espiral violenta, su techo, algo que pasará a los anales de la historia o al guiness de los records, pero tras lo de Casquero, y entendiendo que cuando alguien toca techo todo lo demás no es más que descender, Pepe ha seguido haciendo méritos más que sobrados para que se le considere un jugador sucio. Messi, o Lissandro, por ejemplo, pueden corroborarlo.

Por lo demás, está el resto de portugueses que consideran injusto el trato. Parece ser que Figo no fue un ídolo en el Camp Nou. O Futre en el Atlético de Madrid. O Andrade en el Deportivo. Y ninguno de ellos pudo hablar, más allá de lo lógico, de que hubiera un maltrato contra ellos.

Si realmente el Real Madrid y su cohorte de portugueses se lamentan del trato que reciben sólo tienen que poner de su parte para cambiarlo. Sólo, por ejemplo, tiene Cristiano que dedicarse a jugar y no dirigirse a la grada. Sólo, por ejemplo, no tiene Cristiano que llamarle envidiosos de su físico, situación económica y virtudes futbolísticas a quiénes le pitan en un campo de fútbol. Sólo tendría Mourinho que celebrar los goles como una persona normal y no exhibirse ante el público o ante banquillos rivales. Sólo tendría Mourinho que no agredir a entrenadores rivales o ser respetuoso por los designios del destino que te lleven a entrenar a Málaga. Podría Pepe, por ejemplo, no agredir a personas y estar a punto de caer en un homicidio involuntario. Podía, por ejemplo, medir la violencia de sus entradas y considerar que a quién hay que pegarle patadas es al balón. Podía Pepe, también, considerar que los cortes de manga a las aficiones rivales están mal.

Sinceramente, no sé si esta panda de arrogantes, cínicos, vendehumos y victimistas nos toman por tontos o qué pasa. Y para terminar, si todos los portugueses son como los que aparecen en este post, me declaro xenófobo.

Y antiportugués.


miércoles, diciembre 19, 2012

COSAS QUE PASAN.

Vayan por delante muchas cosas. Vaya por delante que creo que Tomás Roncero no se alegra de problemas de salud de los demás. Vaya por delante que creo que Tomás Roncero sí antepone la vida humana o las cuestiones personales a las cuestiones futbolísticas. Vaya por delante, pues, que creo que lo que Tomás Roncero ha hecho hoy ha sido, en efecto, un desliz.

Pero lo que no es un desliz es el por qué le ha pasado eso.

A Tomás Roncero le ha jugado hoy una mala pasada su forofismo. Qué le vamos a hacer. Es normal que a un personaje especializado en esparcir mierda sin ton ni son, sin mirar hacia donde la tira, alguna vez le suceda que la arroja donde no debe y mete su suciedad periodística en lugares donde la mugre, y más la suya, debería de estar bien lejos.

Cuesta horrores imaginarse a Santiago Segurola teniendo un renuncio de este calibre. Es difícil ver a Roberto Palomar cometiendo una cagada semejante. Es impensable leer un artículo de Rubén Uría con una cagada de tamaño semejante. Y esto, también, tiene una explicación: estos señores hacen periodismo.

Quién no hace periodismo y sí forofismo barato y del malo tiene muchas posibilidades. Quien se dedica a sembrar mierda, odio y sinrazón tiene todas las papeletas para que de vez en cuando le ocurra lo que hoy a Tomás Roncero. La cagada de hoy, antológica, no le hará recapacitar y seguro que pronto volverá a lo suyo, que no es otra cosa que el panfleteo barato promadridista y anticulé. Así es su mediocridad.

Habrá quien diga que ha sido una casualidad, pero es fácil, y además mucho, que si frecuentas ciertas actitudes de vez en cuando pises mierda. Y luego vienen los lamentos, tal y como le pasó a Siro López cuando tuvo que dar la cara por prestar su imagen a un lugar de corte radical en el que se especuló sobre los motivos de la enfermedad de Abidal deslizando que la causa podía estar en el dopaje (en clara alusión a la asquerosa falacia que el inframundo nacionalmadridista ha creado sobre hipótesis que hablan del dopaje en el club azulgrana).

Personalmente, qué quieren que le diga, quien es capaz de ponerse a la altura que se pone en el vídeo de abajo tiene muchas posibilidades de embarrarse hasta el cuello. Y hoy, una vez más, Tomás Roncero lo ha vuelto a hacer.

Con el agravante de que su ceguera le ha llevado a pisar terrenos indecentes.






lunes, diciembre 17, 2012

MOURINHO PULVERIZANDO FRONTERAS

Pues sí, José Mourinho, el estratega de Setúbal que maneja los tiempos fuera del terreno de juego como nunca jamás nadie había manejado, va desgarrándose esta careta (también) y va dejando claro que, dejando a un lado sus virtudes como entrenador (discutibles y que dan para otro debate), sus bondades de fuera del césped son, efectivamente, una falacia de tomo y lomo.

Haciendo un inventario, no exhaustivo por supuesto, llegamos a la conclusión de que todo el buen hacer de Mourinho fuera del campo ha consistido en acusar sin dar nombres y echarle la culpa a todo el rosario de circunstancias que pasaran por ahí (y a las que no) con tal de no asumir él, o su labor, ninguna responsabilidad en los contratiempos.

Respaldado por un sector del aficionado de corte radical (en los fondos del estadio y en los extremos de la prensa ) y llevando encadenado a Florentino Pérez en su caída al abismo, José Mourinho parece haber consumido (siempre según él) gran parte de las posibilidades del Real Madrid de ganar la liga española y ahora, aunque ya apuntó maneras la temporada pasada, se afana en guerrillas que dejan la sensación de náusea como un profundo bienestar.

Porque Mourinho, sí, el que acusa al Barça y a su supuesto conchabeo con la UEFA de constituir o llevar a la práctica prácticas semimafiosas ("no sé si será por lo de UNICEF"), ha tenido a bien el encerrar a un periodista que escribió cosas que no le gustaron demasiado en un cuarto junto a su staff técnico para intentar sonsacarle qué persona es la que le suministra ciertas informaciones. Siendo consciente de que la frontera delictiva está lejos todavía, es necesario constatar que el episodio este da auténtico repelús imaginárselo: un entrenador, flanqueado por su cohorte, presionando a un ente externo para que le proporcione una información. Lo dicho: da auténtico repelús.

Sin embargo, qué quieren que les diga, este último episodio y alguno más no hacen más que poner de relieve cuál es la supuesta maravillosa táctica del "estratega de Setúbal" cuando el olor a césped muta por los focos de las ruedas de prensa: que se hable de todo menos de fútbol. Ésta es la auténtica realidad de la cuestión.

Porque gracias a una sociedad lobotomizada y a un usuario de prensa de perfil bajo-muy bajo, ávidos de sangre y de mugre al estilo Telecinco, Mourinho ha podido tejer su estrategia y escurrir la pregunta maldita: ¿ que hay del juego del equipo, señor Mourinho ?.

Como respuesta a la anterior pregunta muchos esgrimirán que el juego son goles y victorias y que los 100 puntos y los 121 goles están ahí para quien quiera consultarlos. Esta estadística contiene, en cambio, la trampa de una dualidad en la liga brutal en la que el Barça, con un gran trabajo de fútbol base, y el Real Madrid, al amparo de los euros derivados del urbanismo, tienen una ventaja sobre el resto que pone en cuarentena cualquier estadística de este estilo por la enorme diferencia existente entre ellos y el resto de clubs.

Y claro, cuando no hay estilo y todo se fía a la puntería, el libreto se desgasta y se hace añicos.

Tres años después, el nacionalmadridismo constata que, efectivamente, el Real Madrid no tiene nada futbolísticamente hablando y que lo que se sostuvo por la necesidad de victorias y la conversión a la yihad mourinhista es ahora, efectivamente, un solar.

Sin nada edificado.