jueves, agosto 22, 2013

LE DEJAN PASAR.

Uno de los mantras del nacionalmadridismo a la hora de valorar las cualidades futbolísticas de Messi (sobre todo en su cogida con pinzas comparación con Cristiano Ronaldo) es que al argentino "no le dan patadas" o "le dejan pasar".

Pues bien, en la reciente ida de la Supercopa de España ha quedado meridianamente claro que este nuevo argumento, como casi todos, no es más que otra nueva excusa de mal pagador. Ayer Godín, buen defensa del Atlético de Madrid, al percatarse que Messi estaba lesionado, sugirió a su compañero de zaga Miranda que hubiera cacería con Messi tras haberse tocado la zona en la que el argentino estaba lesionado supuestamente.

Este episodio, que por sí mismo no tiene mucha trascendencia pues es una artimaña del fútbol el pegar y pegar al contrario para amedrentarle, viene a sumarse a una serie de episodios que el argentino ya ha sufrido por los campos de la Península Ibérica. Así, Messi tuvo que irse con el tubo como un bote tras una criminal entrada de Ujfalusi. De aquello se dijo que era la primera y, quizá, una entrada mal medida que tuvo una mala consecuencia. La primera tras la cacería ordenado por Mourinho en Stanford Bridge quizá.

Sin embargo hay más episodios. Algunos de ellos protagonizados por el Real Madrid teniendo como portadores de las armas a Pepe o Sergio Ramos. De Pepe poco se puede decir que no se haya dicho ya. Míticos son sus aspavientos en plan molinillo de piernas, brazos y demás apéndices cuando ve cerca a Messi. Con la traca de aquel pisotón cobarde, mezquino y barriobajero.

Sergio Ramos también tiene lo suyo y bordeó el delito criminal el día del 5-0 cuando asestó a Messi una puñalada cual navajero en forma de patada a bocajarro al argentino mientras éste corría con el balón. Aquello el de Camas lo aderezó, también, con un aquelarre esquizofrénico mientras iba camino del vestuario, ya expulsado, en el que hubo para todos los que pudieron ser cazados por las cámaras y que sólo la privacidad del túnel de vestuarios y el propio vestuario pudo ocultar si, además, hubo panes para más personas.

Los dos jugadores anteriores, dirán, no constituyen pruebas para mi argumentario pues son jugadores del Madrid y, por ende, éstos sí que se supone que le zurran la banasta al argentino cuando sea menester. Lo curioso en este caso es que Messi mantiene unas cifras goleadoras escandalosas contra el equipo merengue y ya es, con 25 años, el máximo goleador en los clásicos. Ergo Messi anota con y sin astracanadas antideportivas.

Pero hay más. Wellington, central del Málaga, acaso como precuela de Pepe, tuvo a bien pisar a Messi en un partido del Barça contra el Málaga. Y, también, Amorebieta, jugador del Athletic por aquellos entonces, se despachó con una plantillazo a la altura del rostro del rosarino que aún da grima el pensar las posibles consecuencias de aquello.

Todo lo anterior, sirva de ejemplo de que hay cacería contra todos. Y, además, sirva como explicación el bajo centro de gravedad de Messi que provoca que sea difícil el tumbarle con entradas más o menos normales y que sólo hachazos clase mundial (como el de Ramos o Ujfalusi) puedan dar con el argentino en el césped. También ayuda, en parte, el que Messi realice sus regates en las proximidades del área, algo que hace pensárselo más a los defensas, y no realice normalmente explosiones de 60 metros con el balón a toda marcha exponiéndose a que cualquier roce, sea falta o no, provoque su caída.

Como reflexión final o, quizá, como opinión, lo que creo que subyace en el fondo de todo es la rabia e inquina de mal perdedor que el nacionalmadridismo proyecta sobre Messi. Sólo así se explican cosas como lo de pararle "por lo civil o lo criminal" de Eduardo Inda cierto día en Marca o, también, la obsesión porque el argentino sea cazado en un terreno de juego.

1 comentario:

Gerard dijo...

Grande Santiago. Una vez más.