sábado, agosto 31, 2013

ASIMETRÍAS EN POS DE LA JUSTICIA (Y EL ESPECTÁCULO).

Es la última de Mourinho y, también, supone constatar una realidad que ya pululaba por el ambiente periodístico del nacionalmadridismo: se hace necesaria cierta asimetría a la hora de arbitrar partidos porque sólo así se es justo y, además, se favorece el espectáculo.

Los paladines de esta nueva idea sostienen, a grandes rasgos, que en aquellos partidos en los que un equipo opere mucho con el balón y que demuestre un virtuosismo más o menos pronunciado debe de encajar con deportividad, resignación y como muestra de justicia el que su rival, que en este caso opta por un juego más defensivo y áspero, se explaye en el uso de las faltas y/o violencia contra él.

Así, surgen las míticas justificaciones de "es la primera patada que pega", aunque le arranque la cabeza al rival, "no es una entrada dura", aunque sea la falta número 27, o el repugnante "el árbitro se ha cargado el partido" si el equipo defensor (o agresor) se queda en inferioridad numérica.

Mourinho lanza cuestiones al aire sin responderlas, persiguiendo con ésto hacerse el incomprendido, ya que sabe que la respuesta desbarata toda su estratagema. La respuesta, en este caso, pone de relieve que, futbolísticamente hablando, sus equipos andan a medio camino entre el cerdo y el jabalí. Lo que Mourinho pretende en esencia es que los jueces le permitan llegar donde no le llega su talento, o el de sus jugadores, en cuestiones técnico-tácticas y reclama esta asimetría arbitral que le permite pegar, mucho y duro, para poder equiparar contiendas en cuanto al resultado.

Lamentablemente el fútbol tiene unas reglas, más o menos justas pero conocidas de antemano, y la brutalidad futbolística está sancionada. Mourinho y sus palmeros, además, deberían dar gracias porque sus equipos hayan tenido la buena suerte de acabar con 10 muchos partidos (algunos hasta con 11) después de los aquelarres de violencia con que nos han obsequiado. Así, uno tiene a Valencia 2011 como el culmen de la espiral barriobajera generada por Mourinho. En aquel partido su equipo hizo de todo. Agredió, sacudió, pisó y, además, se hizo la víctima (ver  a Arbeloa levantando a Villa increpándole por su poca deportividad tras haber recibido un pisotón cobarde y ruín). En aquel partido, además, el culé tiene que tragar con que la única acción dura del Barça (Busquets sobre Xabi Alonso) sirva de contrapeso a todo un catálogo completo de asquerosa antideportividad.

En definitiva, lo que subyace en el asunto, y da arcadas, es constatar como intentan hacer circular por el ambiente la idea de que expulsar a un jugador supone "cargarse" un partido, trofeo, eliminatoria o lo que sea. Haga lo que haga el jugador expulsado. Porque te cargas el espectáculo.

Y yo que pensaba que el espectáculo en el deporte del fútbol estaba en el virtuosismo con la pelota y no en la sinrazón de la brutalidad deportiva.

ACTUALIZACIÓN.

Parece ser que Götze estará tres semanas de baja por la entrada de Ramires, ese jugador que, según deja entrever Mourinho, fue expulsado por un contubernio de la UEFA contra su persona y no porque la entrada fuera digna de un sicario deportivo. Este fue el cinismo que tuvimos que soportar en la península de un personaje sin escrúpulos, mal perdedor y que jamás asumirá un error propio o una derrota en buena lid. Supongo que para ésto también tendrán justificación los palmeros del mourinhismo. Explicaciones más nauseabundas en temas similares ya se les ha visto.

jueves, agosto 22, 2013

LE DEJAN PASAR.

Uno de los mantras del nacionalmadridismo a la hora de valorar las cualidades futbolísticas de Messi (sobre todo en su cogida con pinzas comparación con Cristiano Ronaldo) es que al argentino "no le dan patadas" o "le dejan pasar".

Pues bien, en la reciente ida de la Supercopa de España ha quedado meridianamente claro que este nuevo argumento, como casi todos, no es más que otra nueva excusa de mal pagador. Ayer Godín, buen defensa del Atlético de Madrid, al percatarse que Messi estaba lesionado, sugirió a su compañero de zaga Miranda que hubiera cacería con Messi tras haberse tocado la zona en la que el argentino estaba lesionado supuestamente.

Este episodio, que por sí mismo no tiene mucha trascendencia pues es una artimaña del fútbol el pegar y pegar al contrario para amedrentarle, viene a sumarse a una serie de episodios que el argentino ya ha sufrido por los campos de la Península Ibérica. Así, Messi tuvo que irse con el tubo como un bote tras una criminal entrada de Ujfalusi. De aquello se dijo que era la primera y, quizá, una entrada mal medida que tuvo una mala consecuencia. La primera tras la cacería ordenado por Mourinho en Stanford Bridge quizá.

Sin embargo hay más episodios. Algunos de ellos protagonizados por el Real Madrid teniendo como portadores de las armas a Pepe o Sergio Ramos. De Pepe poco se puede decir que no se haya dicho ya. Míticos son sus aspavientos en plan molinillo de piernas, brazos y demás apéndices cuando ve cerca a Messi. Con la traca de aquel pisotón cobarde, mezquino y barriobajero.

Sergio Ramos también tiene lo suyo y bordeó el delito criminal el día del 5-0 cuando asestó a Messi una puñalada cual navajero en forma de patada a bocajarro al argentino mientras éste corría con el balón. Aquello el de Camas lo aderezó, también, con un aquelarre esquizofrénico mientras iba camino del vestuario, ya expulsado, en el que hubo para todos los que pudieron ser cazados por las cámaras y que sólo la privacidad del túnel de vestuarios y el propio vestuario pudo ocultar si, además, hubo panes para más personas.

Los dos jugadores anteriores, dirán, no constituyen pruebas para mi argumentario pues son jugadores del Madrid y, por ende, éstos sí que se supone que le zurran la banasta al argentino cuando sea menester. Lo curioso en este caso es que Messi mantiene unas cifras goleadoras escandalosas contra el equipo merengue y ya es, con 25 años, el máximo goleador en los clásicos. Ergo Messi anota con y sin astracanadas antideportivas.

Pero hay más. Wellington, central del Málaga, acaso como precuela de Pepe, tuvo a bien pisar a Messi en un partido del Barça contra el Málaga. Y, también, Amorebieta, jugador del Athletic por aquellos entonces, se despachó con una plantillazo a la altura del rostro del rosarino que aún da grima el pensar las posibles consecuencias de aquello.

Todo lo anterior, sirva de ejemplo de que hay cacería contra todos. Y, además, sirva como explicación el bajo centro de gravedad de Messi que provoca que sea difícil el tumbarle con entradas más o menos normales y que sólo hachazos clase mundial (como el de Ramos o Ujfalusi) puedan dar con el argentino en el césped. También ayuda, en parte, el que Messi realice sus regates en las proximidades del área, algo que hace pensárselo más a los defensas, y no realice normalmente explosiones de 60 metros con el balón a toda marcha exponiéndose a que cualquier roce, sea falta o no, provoque su caída.

Como reflexión final o, quizá, como opinión, lo que creo que subyace en el fondo de todo es la rabia e inquina de mal perdedor que el nacionalmadridismo proyecta sobre Messi. Sólo así se explican cosas como lo de pararle "por lo civil o lo criminal" de Eduardo Inda cierto día en Marca o, también, la obsesión porque el argentino sea cazado en un terreno de juego.

lunes, agosto 19, 2013

HABLEMOS DE FÚTBOL.

El Real Madrid ganó ayer su primer partido de Liga con un gol sobre la bocina y consiguió amarrar los tres puntos que, de no haber sido así, le habrían puesto ya en una posición incómoda ante la perspectiva de otra liga con puntajes de tres cifras.

En este periodo estival, de novedades en los equipos, el nacionalmadridismo se agarró a cuestiones más o menos accesorias del partido merengue y todo está siendo mucho Isco, mucho debate estéril sobre la portería blanca, desplantes supuestos de Benzema y, un poquito, fútbol. Pero fútbol sólo para destacar una teórica segunda parte dominada por el Real Madrid. Todo ello, tras la tibia loa al rival, el equipo de Pepe Mel, el Real Betis.

Relaño no habla esta vez de arbitrajes. Roncero, tampoco. Y todo gracias a las cortinas de humo apuntadas en el párrafo anterior. Sin embargo la realidad, tozuda, tiene otra vertiente. Lo cierto es que el Madrid jugó con once jugadores cincuenta minutos más de los que debería haber jugado. Lo cierto es que Carvajal comete penalti sobre Cedrick cuando éste sólo tiene que ajusticiar a Diego López en boca de gol. Lo cierto es que Gil Manzano, tras su primer partido arbitrado al Real Madrid en el que se comió, dicen, un penalti del Betis por manos dentro del área ha enmendado sus guarismos para con los blancos en partidos en los que la polémica siempre se ha resuelto con réditos al blanco.

Supongo que ésto será que el Villarato está controlado. Supongo que para los opinólogos actuales, herederos del periodismo tardofranquista o post-Transición, la normalidad está en los errores que benefician al Real Madrid. La realidad actual estriba en que en este país los medios mayoritarios, controlados por personajes de claro sesgo madridista, se asume sin rubor que los equipos deben de rendir una especie de tributo al Real Madrid en forma de errores arbitrales favorables a los blancos.

En definitiva, la noticia está en lo anecdótico, porque un gol a lo Poli Rincón de Isco lo es, y se pasa muy de puntillas (cuando no se omite directamente, como hacen Relaño y Roncero), por la jugada clave del partido.

Cierto, el Villarato está controlado.